jueves, 24 de junio de 2010

Coger sin amar....

¿Cómo proponerle a una chica que apenas y conoces que tengan sexo, cómo hablarle de tus deseos sexuales a una desconocida que ha provocado en ti una admiración y excitación carnal inusitada? Hace poco leí en el Universal una nota que aseguraba que los hombres piensan hasta tres veces mas en el sexo que las mujeres; justificaba la autora el argumento en el hecho de que el área del cerebro masculino que controla estos impulsos es de mayor tamaño que el de las mujeres...desconozco si sea cuestión de genética o disposición física del cerebro, lo que es un hecho es que yo me descubrí como un adicto (o afecto) al sexo desde hace mucho tiempo, desde mis días con Ella....




¿Pero que era en realidad lo que me provocaba ese desmedido deseo por poseerla físicamente cada vez que la veía?...la ame, la amaba, en realidad la sigo amando, pero ¿era solo el amor lo que me excitaba descaradamente cuando sentía su cercanía? ¿Por qué buscaba cualquier oportunidad y cualquier rincón para besarla, tocarla, poseerla? Si fuere cierto el argumento de la columnista del Universal, la parte que controla mi pensamiento y deseo sexual es del tamaño de toda mi cabeza. Recuerdo que incluso en varias ocasiones (quizá demasiadas) tuve que provocarme el derrame -así llama cómicamente José Emilio Pacheco a la masturbación en su libro "Las Batallas en el Desierto"- antes de visitarla. Mi forma particular de procesar las ideas me llevaba a creer que si lo hacía de esta manera, ya no buscaría mas tener sexo con ella y evitaría el rechazo natural que ya se había presentado en varias ocasiones cuando ella notaba mi inusual avidez de intimar. Lo que es cierto es que ese deseo perduró por mucho tiempo más, incluso varios años después del término de nuestra relación; me convertí en su amante ocasional.




Aún a pesar de todo, me niego a creer que mi afición sexual se basaba solo en la atracción física, sino que también tenía que ver con esa idea bellísima de la fusión de las almas, la exaltación de la parte más reptiliana de nuestro cerebro que busca la perpetuación de la especie, la búsqueda de lo espiritual en el orgasmo y el roce de los cuerpos...era el gozar y verla gozar, notar la dilatación de sus pupilas, sentir como se le doblaban involuntariamente los dedos de los pies cuando lograba el orgasmo, besar sus senos hasta el cansancio, el entumecimiento de mi cuerpo junto al suyo, sus mejillas ruborizadas cuando le lamía el sexo, contemplar su cuerpo desnudo cuando se quedaba dormida...




Han pasado ya muchos días sin ella, han pasado ya muchas mujeres por mi cama, han pasado ya muchas noches de derrame solitario y sigo pensando en esos tiempos como lo mejor de mi vida. ¿En donde ha quedado toda esa belleza de lo espontáneo, en donde quedaron esas pupilas dilatadas y esas mejillas ruborizadas?...solo quedan ronquidos de mujeres desconocidas, ropa de diferentes tallas y colores regadas por el piso, nombres que a veces olvido por la mañana, historias aburridas contadas mil y un veces, promesas de reuniones que nunca llegan, aromas que jamás vuelvo a percibir, planes que nunca se cumplen y días que nunca llegan...solo es sexo puro, puro sexo que hace las veces de dosis tranquilizante para mi cerebro, para mi cuerpo adicto.


Cuando me presentaron a Miriam yo buscaba precisamente sexo casual de viernes. Miriam es una chica atractiva, llegando a los treinta, abogada también, trabajadora del sindicato de Pemex; mujer de altura promedio, largas piernas y nalgas firmes, pequeños senos y ojos rasgados. Escuche hablar de ella como una mujer de carácter explosivo y formas caprichosas, de hablar vulgar cuando ebria y gusto por el brandy.


¿Como decirle a una mujer que acabas de conocer que tengan sexo? ...no se lo dije, nunca lo propuse, platicamos poco, después de la presentación formal de los amigos, brindamos de vez en cuando de extremo a extremo de la mesa de aquel bar de Insurgentes. Cuando comenzaron a irse uno a uno de los amigos esa noche, justo cuando solo quedamos cinco en la mesa, fue que acerque mi silla a Miriam para conversar sin tener que gritar para ahogar la voz de Fanilu que sonaba en el lugar. Me dijo que también le habían platicado de mi y que conocía mi fama de buscador de sexo ocasional. No me hice muchas ilusiones. Me ofrecí llevarla a su casa y así lo hice...sin malicia.


Conduje hasta la colonia Obrera y justo cuando me estacionaba enfrente de su casa, solos en al auto, apague el motor y con voz segura dijo "no me gustaría que pienses que por haberme traído estoy comprometida contigo en algo"...media hora después nos revolcábamos gustosos en mi cama.


¿Qué sucedió esa noche en el auto, que pasó en 20 minutos de plática que no ocurrió en toda la noche de copas de un viernes? Nada, solo la mirada y las palabras honestas de dos seres solitarios y sin compromisos que se desean carnalmente, la temperatura del otro que se percibe en el aire con un simple agitar de manos. ¿Qué paso entre aquel "no me gustaría que pienses que por haberme traído estoy comprometida contigo en algo" y el ¿me lo haces? Sigue siendo un misterio para mi, sigo en la etapa de estudio de las féminas, por más que me paso noches enteras entramando complicadas teorías sobre su procesar mental, siempre desatino, eso, eso me encanta.


¿Te puedo morder? Preguntó; "Sí, pero no me dejes marcado"


El sexo con Miriam esa madrugada de sábado fue salvaje, brutal, ansioso. En realidad nunca me han atraído las mujeres de senos pequeños, pero sus largas piernas compensaron todo.


Hace tiempo que deje de buscar el sexo aventurero para reafirmarme como macho, como conquistador, como el pecado favorito del diablo según Dante: por vanidad. Mi búsqueda a veces desenfrenada, a veces involuntaria se debe a la adrenalina que produce, quizás a la comodidad pero también, y sobre todo, a la soledad voluntaria a la que me he sometido desde hace un tiempo.




Después del éxtasis viene la calma, después del sexo Miriam me pidió que la abrazara, así lo hice. Intente aplicar la misma técnica tantas veces aplicada, permanecer despierto, dejarla dormir una hora a lo mucho y después la excusa del trabajo para que se marchara, no pude....me quede dormido también. Desperté en las primeras horas de la mañana por el ruido de los coches y las primeras actividades, Miriam ya estaba lista y guapa, lucia tan fresca como la noche anterior; creo firmemente que fue ella la que permaneció despierta hasta el amanecer, creo firmemente que comparte mi lema favorito: nunca veas una puta a la luz del día.... yo soy la puta.