domingo, 16 de mayo de 2010

Coger sin amar ("sexo sin amor" esta choteado)




¿En que momento me acostumbré a esto de las artes amatorias y mamatorias sin sentir absolutamente nada por esas mujeres? Bueno, por lo menos simpatía…¿fue en el momento en que después de coger con Adriana me largué de la habitación del hotel sin decir ni adiós y no supe de ella hasta que la corrieron de la oficina? ¿O quizás después de coger con Eloisa y bastó una llamada para decir “creo que esto no funciona”? talvez ha sido la indecisión de iniciar una relación en serio, o a lo mejor mi reconocida incapacidad para amar nuevamente o mas bien el recuerdo de aquella mujer que suponía la perfección: hacer el amor y después retozar desnudos entre las sabanas y charlar del mundo y de la vida hasta el cansancio…no lo se, o quizás sí lo se: el probar las mieles del sexo y del noviazgo sin las naturales consecuencias; los celos, las escenas, las discusiones, los malentendidos, la incertidumbre, las ausencias, las nostalgias, etc.

Dice García Márquez en su libro "Memorias de mis putas tristes" que el sexo es el consuelo que tenemos cuando el amor no nos alcanza, y no es que en realmente esté de acuerdo con la frase, solo que por el momento no me alcanza para mas…tengo hoyos en los bolsillos y las monedas no me alcanzan para mas.

¿Conformismo?

Recuerdo una noche de copas en el Penthouse cerca de Avenida Central hace dos años; los amigos, la música, el brandy, el tabaco…todo conspiró esa noche para que el diablo me sonriera doblemente: Alexa (que acababa de terminar con su novio unas horas antes) en el baño del bar, y Fabiola en mi cama, en mi casa, las dos, amigas de años.

Alexa es una chica agradable a la vista y al tacto y para no ser injusto diré que es buena conversadora también. Era creo que cuarto para las doce cuando después de bebernos el ultimo trago, nos miramos con malicia inusitada, con deseo carnal. No lo pensé dos veces, en realidad instintivamente le dije “vamos a platicar afuera”, en aquel entonces el segundo baño del lugar estaba en reparación, y afortunadamente para nosotros, lejos de las mesas y del escenario. No recuerdo muchos detalles y no por ebriedad, sino por que en verdad sucede que mi memoria siempre ha sido mas auditiva que visual, solo recuerdo algunos jadeos y escenas borrosas de Alexa acaballada en mí al compás de una rola de Porcupine Tree (un bar muy progresivo) y posteriormente eyaculando en sus senos.

Regresamos a la mesa con las frentes aperladas y ruborizados pero nadie notó la ausencia ni la sofocación de nuestros corazones. Esa noche le tocó conducir a Eduardo. En la parte trasera del auto, Alexa y Fabiola sentadas en las piernas de los demás por turnos y enfrente Ismael…el novio de Fabiola.

Como era costumbre me pasaron a dejar a mí en primer lugar por la cercanía de mi casa con aquel bar. Después de las despedidas y los promesas de reunirnos en otra ocasión bajé del Jetta 98 por la puerta trasera a solo dos cuadras de mi casa, cuando súbitamente Fabiola se bajó -probablemente para pasarse al lado de Ismael, su novio, en la parte de enfrente del auto, pensé- y comenzó a despedirse de todos diciendo “aquí me quedo” ante la mirada atónita del buen Isma que en ese momento me miró con furia de asesino; si las miradas matan yo estaría bien muerto con solo una ojeada de aquel abogado masón…....es (me dije) mi noche. No me fijé en la expresión de Alexa cuando nos alejamos del auto.

La intimidad con Fabiola la recuerdo bien quizás porque ya estaba 90 % más sobrio pero sobre todo porque deseaba mantenerme alerta para poder deleitarme con sus famosas tangas. 

En el preámbulo de aquella sesión sexual me confesó que recién había terminado con Ismael pero estaban en pláticas de un rencuentro (que bueno que no la convenció, pensé). Le invité un brandy a medias que guardaba en el closet a falta de cava y brindamos una vez mas por  su vieja amistad con Alexa. Las cosas con ella fluyeron de manera muy natural, no fue la desinhibición del alcohol, simplemente no hablamos mucho, los dos estábamos deseosos, solo vibramos; hasta ese momento me enteré de que gustaba de la música árabe, y yo un melómano empedernido, la deleité con mi colección de música tradicional árabe; Fairuz y Kalahary sonaban en el iphone conectado a un pequeño amplificador de cuatro bocinas que creaban un ambiente acústico en verdad delicioso: dos canales invertidos en cada lado de la recamara que producía un sonido vivo en verdad, los sonidos de las cítaras parecían salir debajo de mi cama, las Darbukas eran tocadas desde las puertas del closet.

Pues las famosas tangas resultaron una realidad, siempre he creído que nunca se debe sacrificar comodidad por vanidad, pero en este caso me importó nada que Fabiola se sintiera incomoda con ese hilo rozando sus partes mas nobles, el sacrificio valía la pena, en verdad lucía divina.

Esa noche me di un verdadero festín con sus carnes blancas y su perfume lavanda dulce, su lengua en mi miembro fue lo mejor que pude experimentar esa noche, (incluyendo el escuchar Fade de Porcupine Tree en vivo) y me costó trabajo mantenerme activo el tiempo razonable como para que  ella llegara al clímax también.

 Si habláramos de calificaciones, le pondría un ocho. 

A las 3 de la mañana dije “tienes que irte, debo descansar y en unas horas tengo audiencia” y en verdad era así. Le pedí un taxi con el viejo conocido que me traía y me llevaba en casos urgentes, como cuando no podía conducir por un pequeño caso de brutalidad alcohólica excesiva.

Recuerdo su encabronamiento, como si estuviera a punto de decir “coges, usas y botas” pero en realidad era al revés, ¡oh! si, las mujeres también usan y hasta compiten entre sus iguales. No quise averiguar si había estado conmigo para demostrarle algo a Alexa o no se qué diablos, la verdad no me importaba, me cogí a las dos en la misma noche. Total que se subió emputada al taxi y no la volví a ver sino hasta dos meses después.

Creo en verdad que en ese momento amé mas que nunca la soltería, la posibilidad de tener lo que en teoría solo se debe tener cuando amas; ahora me conformo con la posibilidad de compartir la cama, los hedores y los líquidos con una desconocida y despertar al día siguiente otra vez sólo, sin el compromiso de preparar desayunos o compartir la bañera, sólo con la intimidad y a tus anchas......ese...........ese es mi consuelo, con eso me conformo.

Continuará….

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